LIBERACIÓN FEMENINA
Eufóricas, alborotadas por la música y el alcohol, un grupo de quince mujeres se trepa a un trencito que emite luces de colores. Una de ellas, disfrazada de conejita, en el centro de la escena, se baja en una esquina y reparte chocolates con formas fálicas. ¿Escena típica de una nueva forma de despedida de soltera? Definitivamente, sí. Del té con amigas, una noche en la disco, el típico paseo nocturno en el baúl de un auto acompañada de una sinfonía de bocinas y la protección de un disfraz, se ha llegado a opciones diferentes, muchas de ellas súper audaces. Si bien alquilar un trencito sigue tan vigente a la hora de planificar la última fiesta entre chicas solas -casi tan vigente como la excursión a un local de strippers masculinos-, las mujeres se animan a más, y ahora buscan otras alternativas para divertirse y sorprender a la homenajeada. Puede ser un viaje relámpago de dos a cuatro días para que la fiesta se extienda por más de una noche; enfundarse en trajes camuflados para simular una guerra con pintura en un campo alquilado de paintball; atreverse a la lucha en el barro, casi sin ropas, o saborear sushi sobre el cuerpo semidesnudo de un varón. Otras de las posibilidades es invitar a una sexóloga para una charla íntima, pedagógica y divertida a manera de una "capacitación" pre-nupcial, o quizá, la opción más relajada, despuntar la tarde con el grupo de amigas entre masajes placenteros y la piscina climatizada de un spa. Para la wedding planner, María Inés Novegil, "una de las principales causas del cambio es que aumentó la edad de las chicas que se casan. Tienen un promedio de 30 años, son generalmente profesionales y suelen tener un nivel adquisitivo más alto que les permite invertir más en la fiesta de su amiga. Una de las opciones más buscadas es la de irse a pasar unos días a destinos como Gualeguaychú, en Entre Ríos -a tres horas en auto desde Buenos Aires- en época de carnavales o a la costa porque ofrece playa de día y mucha diversión asegurada de noche. De alguna manera, se están equiparando con las despedidas que hasta hace un par de años organizaban los hombres". A tal punto, que las fotos del evento probablemente jamás sean vistas por los futuros maridos.
Nada queda al azar si se trata de planear la fiesta. Las cadenas de mails empiezan a circular uno o dos meses antes de la boda, para que cada una pueda aportar su idea, hasta la reunión final face to face. Los juegos propuestos implican siempre un desafío al pudor. El tradicional "dígalo con mímica" cambia títulos de películas o libros por la representación de escenas de películas eróticas o posturas del Kamasutra; el grupo de amigas instará a la novia a subirse a un colectivo de línea y repartir preservativos o hacer malabares en el semáforo hasta recaudar $ 5. Otras opciones más tranquilas requieren, igualmente, mucha producción: las íntimas de la futura esposa quieren, el día de la despedida, llevar musculosas con frases impresas que recuerden lo más singular de la amiga y entregarle de regalo una revista que la tenga como chica de tapa, y que en sus páginas se desplieguen artículos con anécdotas y avisos sostenidos por una buena dosis de humor y sátira.
"Cuanto más casamientos hay en el grupo más difícil es organizar la de la próxima porque tenemos que renovar las ideas para que no decaiga la creatividad", se sincera Celia Gallardo, una abogada de 27 años, y aclara que para elegir el concepto de la fiesta, la personalidad de la homenajeada es decisiva. "Para que no sea algo forzado y tenga que ver con nosotras y que no se repita con lo que le puedan organizar los otros grupos del trabajo, la familia o del club". Ella es una de las mejores amigas de Luisa (26), que está próxima a casarse y es descripta por sus amigas como una gran jugadora de hockey. Por eso, decidieron reunirse un domingo a las cinco de la tarde para jugar paintball (bola de pintura en inglés) en Buenos Aires Urban Paintball, un lugar que suele albergar cinco eventos de este tipo por mes. Este deporte nació en Estados Unidos en los años ‘80, y es el elegido por las empresas para fomentar liderazgo y trabajo grupal entre sus ejecutivos. Las participantes usan pistolas de aire comprimido, que se llaman marcadoras, y que disparan pelotitas con pintura a otros jugadores. El campo tiene medidas similares a las de una cancha de fútbol cinco y los dos equipos se enfrentan con algún objetivo (rescatar muñecos de tela o la mayor cantidad de banderines posibles). Con las caras protegidas por un casco. "Que, para evitar accidentes, por nada del mundo deberán sacarse", aclara el coordinador, en la charla previa sobre las medidas de seguridad. Las chicas se lanzan a simular una guerra. Luisa, la futura novia, pide "por favor" al grupo que la cuiden porque no quiere lucir ningún moretón en su boda. Una sesión completa dura casi dos horas y cuesta $ 50 por persona.
Atreverse (antes de la boda)
En ropa interior y con el cuerpo completamente embadurnado, las chicas se zarandean en brazos de un musculoso (apenas cubierto por una zunga), zambullidas en un piletón de barro de forma circular. La fiesta incluye un show de strippers y transformistas, además de pizza libre por $ 60 por persona. "Las mujeres siempre son más descontroladas que los hombres, pero acá vienen a divertirse más que nada entre ellas y con nuestro grupo de luchadores que se les acerca para provocarlas. No se mezclan con otros hombres en el piletón, pero sí las pueden alentar desde afuera", aclara Leo, de L' Averno. En el mismo bar, crecen los pedidos para nuevas posibilidades. Todos los miércoles las chicas pueden optar por un servicio de rolls de sushi, que no sería nada extraño si no fuera porque la "bandeja" es un hombre semidesnudo. El Body Sushi cuesta $ 70 por persona e incluye postre y una copa de espumante.
¿Quién usó alguna vez un sex toy? Una vez disparada la primera pregunta, el ambiente se carga de un silencio incómodo seguido de un torbellino de preguntas de toda clase. Ana Ottone responde, distendida, a las inquietudes de su público. Está al frente de Sophie Jones, una empresa pionera en este tipo de reuniones bautizadas "tuppersex", y despliega un arsenal de juguetes sexuales: vibradores, esposas, látigos, aceites íntimos y lencería súper hot. "Las mujeres hoy se animan más a preguntar, y tienen mucha curiosidad sobre las posibilidades del mundo erótico. Pueden sacarse dudas que traen desde hace años porque se genera un ambiente de mucha confianza. La idea es animar a la mujer a dejar atrás los mitos en relación con el sexo, de una manera sana y divertida. Acá las chicas tienen la oportunidad de comprar juguetes sin necesidad de ir a un sex shop", cuenta. Posibilidad que es casi una obligación, porque en este caso, la audiencia, compuesta mayoritariamente por profesionales de 25 a 38 años, tiene que asegurar un monto mínimo de $ 300 y un mínimo de cinco concurrentes. Experta en lo que ocurre bajo las sábanas, la sexóloga Paola Kullock va a domicilio para conversar abierta y eufóricamente sobre el tema. Durante dos horas le contará al grupo y a la próxima en casarse cómo satisfacer a su hombre con una serie de alternativas, sin escatimar información de ninguna clase. La reunión cuesta $ 200 más viáticos y hay que reservar con anticipación.
Pero la onda también puede ser más relajada. Como, por ejemplo, invitar a la novia a pasar un día, una mañana o una tarde en un spa cuando el plan es una despedida diurna y más soft. "Las chicas vienen en grupos pequeños y la pasan muy bien, cuando no les divierten las opciones más descontroladas", cuentan en Aqua Vita Medical Spa, donde previa reserva cierran el lugar para las festejantes. El programa especial para despedidas incluye un masaje relax, limpieza facial con máscara marina desestresante, body scrub, baño de humectación y belleza de manos y pies (desde $ 320 por persona e incluye una copa de champagne y tés especiales). En el nivel 23 del Hotel Panamericano, también se ofrece una propuesta adecuada para despedidas a raíz de la demanda: incluye un desayuno continental, seguido por masajes dentro y fuera de la pileta además de un estiramiento intensivo ($ 150 por persona + IVA). "Generalmente, vienen una semana antes del casamiento porque aprovechan a adelantar los preparativos para la fiesta. Muchas veces las chicas prefieren quedarse a dormir una noche, salir y a la mañana siguiente pasar una jornada reparadora ", explican. Serenidad o descontrol, todo vale para la última aventura antes de dar el sí.

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